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Memoria del barrio

Historia de Los Ceibos

Crónicas y archivos de nuestra ciudadela.

Ceibos en Los Ceibos

Ceibos en Los Ceibos
Logo de la ciudadela Los Ceibos Logo del Comité Los Ceibos
Izquierda: logo de la ciudadela Los Ceibos (fundada en 1962). Derecha: logo actual del Comité Los Ceibos (desde 1966). Fuentes: @guayaquil2020 y archivo del Comité.

Estos dos logos nos han acompañado desde hace décadas a quienes vivimos en Los Ceibos. El logo de la izquierda corresponde a la ciudadela Los Ceibos, fundada en uno de los bordes de Guayaquil en 1962 por la Junta de Beneficencia. Quedaba más allá de Miraflores, más allá del Paraíso, más allá del Km 4 ½ de la Vía a Daule, a un costado de la Vía a la Costa, bordeada por el Cerro Azul hacia el oeste y por el Cerro Paraíso hacia el sureste.

El logo de la derecha (versión actual) corresponde al Comité Los Ceibos, creado por un grupo de moradores en 1966, vivo y activo hasta el día de hoy.

Pero el propósito de este artículo no es hablar de los logos sino dar testimonio de nuestros ceibos, los actuales y los que ya no están, hermosos y recios árboles de caprichosos y verdes troncos que en época de floración desprenden sus lanas que llegan a varios kilómetros de distancia, los que inspiraron el nombre al lugar que habitamos y que constituyen su símbolo.

Corteza verde y espinas de un ceibo
La corteza verde y las espinas del ceibo: el tronco que da identidad al barrio y habla de su resiliencia.

Antes los podíamos ver en terrenos, en el parque, en varios parterres, en el Colegio Alemán, que empezó a operar en nuestro barrio en 1967. Sin ánimo de inventario, los nombraremos en un ejercicio de memoria que luego podremos ampliar con el aporte de ustedes, lectores.

En el Colegio Alemán había varios, como uno en el frente, en la calle de entrada. Otro, memorable, era el que quedaba en la sección preescolar, donde era posible jugar a esconderse entre las paredes de sus raíces prolongadas hasta el tronco.

Raíces prolongadas de un ceibo, con huecos entre ellas
Entre las raíces del ceibo: así se podía jugar a esconderse en el preescolar del Colegio Alemán.

En los patios, que eran extensos, había muchos como parte de las áreas verdes del lugar. En los años 70 no había un muro o cerca en el límite del Colegio, y prácticamente el Cerro Azul empezaba en sus patios, atrás de la piscina y con ello, por supuesto, los ceibos eran el paisaje natural.

Hasta hace algunos años hubo un gran ceibo en el terreno esquinero entre la calle primera y la avenida tercera el que, obviamente, salió con la construcción del condominio que ahora ocupa el lugar.

Antes de la entrada a Los Ceibos desde el Teatro Centro de Arte (inicio de la Avenida del Bombero) tenemos uno. Justo al entrar propiamente a la ciudadela, encontramos otro en un parterre, frente a la primera villa esquinera. Son dos ceibos jóvenes, sin poder precisar qué significa eso en años. Sería fantástico poder dar cuenta de la edad aproximada de todos ellos, pero no es posible por ahora. Quizá sea tarea para algún botánico aficionado a estos bellos seres vivos, alguien que además ame este lugar de Guayaquil.

Encontramos tres ceibos en las inmediaciones de la Iglesia María Madre. Uno en el parterre triangular frente a ella, con espacio aún para crecer y dos más ubicados junto a la casa parroquial, a un costado de la Iglesia. Hay uno en la peatonal de la calle 15. En los últimos años, algunos moradores hemos contribuido con ceibos tiernos, los que han sido plantados en el parque, junto a las variadas especies de árboles que habitan el lugar.

Ceibo visto desde abajo, hacia la copa
Los ceibos crecen gigantes: la mirada desde el pie del tronco hasta la copa.

Los ceibos crecen gigantes. En nuestra Amazonía sus habitantes muestran con orgullo a los turistas algunos que tienen hasta 300 años, según dicen. Este crecimiento ha sido posible, obviamente, en la selva, custodiados. Pareciera que el destino de los ceibos en Los Ceibos es ser talados cuando crecen demasiado para el lugar en que se encuentran, y ser plantados unos nuevos cuando son tiernos. ¿Qué tal si los moradores de Los Ceibos destinamos un espacio para plantar un ceibo en un lugar donde no vaya a ser talado y que, después de 300 años, los futuros moradores cuenten con orgullo la leyenda de unos habitantes que plantaron ese ceibo para dejarlo vivir? Hay sueños que se cumplen.

Por lo pronto, solicitamos a ustedes, lectores, que aporten a esta breve reseña con sus noticias o memorias de los ceibos de Los Ceibos.

Si tenés un recuerdo, comentario o idea sobre esta historia, escríbenos.

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